Alexandra

Estamos en Mayo, mes dedicado a la Madre, y es por eso que queremos presentaros la historia de Xandra (Alexandra Morgan), una Madre también con mayúsculas. Y una «Mujer Alawa» que ha tenido la generosidad, la valentía y la humildad de compartir su vida con nosotros.

Xandra es uruguaya y vive en Montevideo. Estudió periodismo y comunicación (siendo la primera egresada de la cátedra en Uruguay) y trabaja actualmente y desde hace muchos años como gerente de producción de un prestigioso canal de televisión uruguayo, Canal 12. Está casada con Emiliano Cotelo, también periodista y conductor de programas de radio y televisión muy reconocido en Uruguay. Y juntos tienen tres hijos: Diego, Felipe y Catalina.

El día está radiante y comienza con una mañana luminosa y celeste en esta emblemática capital del cono sur americano: Montevideo. A nuestra espalda un mar nostálgico y con nombre de río, el “Río de la Plata”, que nos arrulla con el ruido de sus olas rompiendo en la arena. A unos pocos pasos hacia adelante, nos encontramos con una casa con entrada grande y acogedora, como si la arquitectura extendiera los brazos y esperase para abrazar a quien toca a la puerta. Es la casa de Alexandra, o mejor dicho «Xandra» como se le llama en familia.  Ella sale y nos abduce hacia un universo que nunca hubiésemos imaginado tras la puerta. Pasamos por un salón donde el arte nos dio una caricia en lo sentidos y con la rapidez de una zambullida nos plantó en el césped verde de un jardín interior. Bueno, jardín por ponerle un nombre, pero para que se entienda mejor, nosotros lo llamaríamos “oasis”. Un pedacito de vergel en medio de la ciudad, con árboles, tapias, huerta, flores, agua y césped que hablan de alguien con nostalgia del campo y del contacto con la naturaleza. Fue difícil volver al salón, pero allí nos sentamos con Xandra, sin saber lo que nos esperaba: un rato que dejaría una huella profunda en nuestras vidas.

  Xandra, gracias por recibirnos en tu casa y acogernos con tanta calidez. Nos impresiona tu formación académica y tu riquísima experiencia laboral. Respecto a tus estudios, has  abierto caminos que pocas mujeres habían transitado en este país, luego has trabajado en prensa y ahora también en un canal de televisión como gerente de producción. Podríamos decir que eres enciclopédica, una mujer renacentista. Pero nosotros hoy queríamos detenernos en una faceta más íntima, si nos lo permites, y es la de madre de Catalina, o «Cata» como la llaman todos.

Bueno, yo hace tiempo que dejé de hablar de ello, porque mis hijos dijeron “ya está, basta de contar de la familia”. La última vez que hablé largo y tendido del tema fue en un libro escrito por Mónica Bottero, que se llama “Madres al límite”*, donde cuenta el caso de cinco madres cuyas vidas tuvieron algún tropiezo “equis”. Una trata de una madre que tenía un chico con adicción y que termina muriendo, otra de una a la cual el padre le rapta a los hijos y ella termina escapándose finalmente con los niños -para mi es el caso más dramático de todos-, y bueno en total son cinco casos, uno de ellos soy yo, y ahí cuento la historia de Cata.

  Parece un tópico decirlo, pero todos los hijos son especiales.

Sí, a mi me preguntan, “¿cuántos hijos tenés?” Y digo tres. “¿Cómo está Cata?” Bien. Porque además Cata no tiene ninguna enfermedad. Lo que tiene es una parálisis cerebral severa, producto de una hipoxia de parto -o sea se ahogó en el momento del parto- por un error médico. Entonces, mucha gente me pregunta “¿y cómo está hoy?” De la parálisis cerebral, estable hace 24 años. La parálisis cerebral es por definición un daño irreversible al cerebro, que no empeora, pero que no tiene recuperación. Lo que se dañó, se dañó. Cata tiene su sistema motor severamente dañado, sin retorno, y su sistema intelectual perfectamente sano. Uno puede pasarse horas pensando, ¿qué sería mejor? Quizás si no tuviera 100% el intelecto sano no se daría cuenta de muchas cosas. Pero nosotros cada tanto le preguntamos, bajo la recomendación de una psicóloga, si está harta de tener parálisis cerebral. Y Cata pone cara de “No, estaba preguntando si hoy vamos a ir a la playa o no”. Siempre que se lo hemos preguntado nos ha dicho que no, que por ese lado no. Pero cada tanto, le damos la chance a quejarse.

  Me imagino que en ciertas cosas habrá sido aprender a vivir de nuevo o aprender a vivir con un hijo con estas características.

Totalmente. Yo siempre soy la positiva y Emiliano, mi esposo, es el más pragmático. El día que nació, en eso no fui tan positiva, y Emiliano me dijo “Estamos en las estadísticas, esto es un número dentro de ellas. No podemos dedicarle ni un minuto más a pensarlo, sino que estamos”. Y de ahí en más construimos. Tuvimos suerte. La mala suerte la tuvimos con el médico en el momento del parto, pero luego se revirtió y compensó a lo largo del camino por los diferentes médicos y personas que nos fueron acompañando. La mejor cura que tiene Cata es que tiene hermanos. Nos lo dijo de entrada el neurólogo que no habría mejor medicamento. Y es verdad. Cata se iba a caer, a pelear, a llorar porque la iban a empujar, a reír, a quejarse, etc. Eso es ser hermano, y quienes tenemos la bendición de tener muchos hermanos -yo soy la quinta de seis hermanos- sabemos que es así. Haciendo un paréntesis, una vez le dije a mamá -como si me estuviera sucediendo una tragedia- que no tenía álbum de bautismo, y mi madre muy pragmática como siempre me dijo: “elegí el que más te guste” (risas). Fin de mi tragedia de que no tenía álbum, y tengo uno prestado de una de mis hermanas al que le pusieron dos fotos arriba y se acabó el tema.

Eso luego también se ha aplicado a que hemos intentado que Cata haga el máximo de lo posible, al igual que queríamos para sus hermanos. Si vamos a Brasil o a Nueva York o a donde sea, tratamos de que vaya a todos los espectáculos que asistimos, etc, pero también eso mismo lo hemos hecho con los demás. No hubo diferencias. La dificultad es que cuando es más grande es más difícil la movilidad, y nosotros estamos más viejos también. La realidad es que precisás más ayuda y ella no admite ahora el “no puedo ir”. A veces, hay lugares que no están preparados para personas con discapacidad a los que no puedo llevarla, porque no puedo subir dos escaleras seguidas con ella, o porque voy a un lugar por diez minutos y todo el trabajo que implica de montar la silla, desmontarla, subirla, bajarla, etc, no compensa. Y se lo digo a Cata, aclarándole el por qué. Y a veces me monta unas broncas, pero es lo que se puede. En eso hemos tratado de ser lo más realistas posibles con ella. Hay una frase que dice “rigor con la lechuga”. La lechuga es frágil, pero tienes que manejarla bien. Y bueno, ha tenido una vida muy integrada. Va y fue a todos lados y hemos montado escándalos en algunos lugares que no nos querían dejar entrar.

   Te iba a preguntar justo algunas cosas que ya me has introducido o contestado. Los hermanos, si bien habrá sido un aprendizaje para ellos, habrán sido piezas claves para el desarrollo de su vida.

Absolutamente. Nosotros siempre hemos hablado de que esto nos ocurrió a todos. Uno intenta que los otros chicos no carguen tanto con eso, pero por más que yo en el discurso lo diga, van a cargar con eso. Fueron totalmente claves para lo cotidiano: iban en el coche juntos los tres detrás y si se peleaban se peleaban, jugaban juntos, dormían juntos, etc. No hay nada mejor que el factor de “normalización” de una situación así. Y el hermano no te va a tolerar que tú digas “yo soy discapacitada, me tienen que atender primero a mi”. En tres años y medio nacieron los tres. No hubo ese tiempo para entender ese razonamiento, y hasta hoy. Sus hermanos sin duda fueron la mejor escuela para Cata, y también el poder integrarla a un jardín común. Mariana Zorrilla, que es la directora del jardín “Snoopy”, me dijo que también la llevara a la guardería donde iban sus otros dos hermanos, para tener a los chicos integrados.

  Haz introducido un tema muy interesante: ¿Cómo se acerca a la sociedad a Cata?

Bueno, empezando por ir al jardín donde ya iban sus hermanos. Todos los niños lloraban por irse y Cata miraba desesperada por entrar porque ahí iban sus hermanos Diego y Felipe. Y el jardín se fue adaptando con ella. Y luego Cata comenzó en el “Colegio Inglés”, junto con sus hermanos, donde tampoco habían integrado discapacitados entonces, y fue un proceso creativo. Y al mismo tiempo fundamos, en ese entonces, un centro para niños con parálisis cerebral, que tengo que decir que fue un esfuerzo desmedido.

  ¿Se puede decir que esa fundación fue un fruto, o un logro de lo que tu hija consiguió en ti?

Esa es una mirada “romántica”. Fue un esfuerzo gigantesco y desmedido. Fuimos cuatro madres que lo fundamos. Dos de ellas querían un lugar que contuviera al niño, es decir, una guardería, y las otras dos de las mamás queríamos que fueran educados al máximo en sus posibilidades. Y bueno, trabajamos mucho y le metimos muchísimo esfuerzo, horas y dinero, con una serie de reglamentos. Y después cuando Cata cumplió los 18 años, yo ya estaba agotada. Nunca lo tomé como una obra para la humanidad o para la sociedad. Tiene cero de épico en mi caso. Aunque épico fue montarlo.

  Pero era una “aventura” para tu hija.

Totalmente, sí. Si bien ella por la mañana iba con chicos que no tenían problemas, también era la única que a veces no podía hacer las cosas, pero lo llevó bien, y le encantaba ese grupo de amigas que sigue manteniendo hasta ahora. Pero también por la tarde tenía “pares”, que eran tan “torpes” como ella, que no tenían las habilidades que ella tampoco tenía. Entonces los dos mundos eran reales. El de la mañana, el mismo que el de sus hermanos, y el de la tarde, que aunaba todas las terapias juntas. Porque sino el tema de las terapias por separado, te implica una logística impresionante: armar la silla, ponerla, sentarla en el coche, desarmar la silla, subir la silla, ir, aparcar, vuelves a bajar y armar la silla, a sentarla, a trasladarla y si además no funciona el ascensor de la terapia, hay que subirla todos los pisos que sean tú misma, y luego la silla, y el relato se puede hacer divertido pero explotas por dentro. Porque además tienes que trabajar y hacer todo lo demás. Está el resto de la vida, hay fiesta de fin de año, también se rompe la cisterna, hay que llamar al fontanero o al electricista, asistir al trabajo, atender a los otros niños y tratar que no carguen con estas cosas, y todo eso es más esfuerzo. Y aunando las terapias en un mismo sitio, los padres resumen todo el trabajo en uno al día.

  Nosotros ante este relato y esta vida que contemplamos vemos una belleza brutal.

Pero es una belleza más vista desde afuera. Yo soy más cruda con esto. Es agotador verlo desde dentro.

   ¿Cómo se compagina eso? Nosotros, como tú dices, “desde fuera”, vemos una belleza, y todos sin embargo queremos escapar del sufrimiento. En esta historia de tanto esfuerzo y de momentos donde uno quiere «bajarse» de ella, ¿hay alguna imagen donde veas que ha aportado algo a tu vida o que haya dado una pincelada de color o de luz?

Me lo han preguntado varias veces y yo siempre digo lo mismo: si pudiera elegir, elegiría que Cata no tuviera nada. Si me dijeras “¡qué suerte que me tocó!”, no. Yo soy una católica irlandesa. Soy un poco más pragmática. Me acuerdo en mi infancia cuando nosotros salíamos a navegar, alguna vez se rompía el motor fuera de borda, y mi mamá decía “ahora todos a rezar”, y papá decía “salvo que vayan a rezar porque el Señor me tire un perno, que no recen nada y que se pongan a remar todos y que naden”. Entonces, vuelvo a repetir, si pudiera elegir, elegiría que Cata no tuviera nada. Podría haber tenido cosas peores, sí, pero intento compararme hacia arriba y no hacia abajo. Eso en términos generales. Ahora, como resolvimos que tuviera el máximo de normalidad, el esfuerzo fue extra. Si le hubiéramos bajado un poco las revoluciones pensando que no hacía falta que hiciera todo, quizás hubiera sido un poco más fácil la vida. Pero no fue la opción que tomamos ni tampoco la que va a ser. La opción fue que hiciera lo máximo que podía hacer: que monte a caballo, que ande en kayak, etc. La normalidad que nosotros tenemos es esta. Tengo algunas discrepancias con el Papa Francisco, pero con respecto a las familias “anormales” que el habla estoy totalmente de acuerdo, con el tío borracho, la abuela pesada, o el hermano con no sé qué historia… eso es la normalidad, y para nosotros esta historia es la normalidad. Esta es la vida que nos ha tocado.

  Pues ese cuadro que pintas tú, nosotros lo vemos bellísimo.

(risas) No, lo que yo quiero decir es que a veces se dice entre católicos “qué suerte que te tocó a ti” y a mi me dan ganas de decirle “no sabes qué penita que me da que no le haya tocado a tus hijos” (risas). Y hay otra cosa que también sucede mucho, entre las madres de discapacitados cuando tenemos reuniones, hay una mamá que suele decir con mucha gracia “no hay nada más aburrido que la madre de un discapacitado”.

La gente a veces, con el mejor corazón, pero sin saber cómo acercarse al tema te dice “a mi hija le pasa lo mismo que a la tuya, la tuve que llevar a la psicomotricista”. También nos pasó una vez que yo estaba con dos mamás en una mesa de una fiesta, y estaba dándole de comer a Cata -que es una tarea bastante extensa-, y ellas estaban hablando de los logros de sus hijas de 15 años -en ese entonces la misma edad que Cata-. Durante toda la noche estuvieron hablando de las maravillas de esas dos hijas: campeonato olímpico de matemáticas, esquí, la mejor de la clase, la mejor deportista, y además amorosas, inteligentes, simpáticas, y obtuvieron becas, etc, etc. Las niñas eran una belleza, efectivamente, tendieron la mesa, la levantaron… Hicieron todo lo que se te podía ocurrir. Yo me lo tomo con bastante humor, pero fue así toda la santa noche, y yo seguía dándole de comer a Cata que cada vez era más dramático, porque se le había mojado todo el babero, yo me había manchado, y por el otro lado lo único que escuchaba era el placer de tener esos hijos con esas características. Y yo que generalmente le hago “maldades” y bromas a Cata le digo: “¿ves Cata que sos un desastre?” (risas). En eso hemos tratado de que se acerque lo más posible a la realidad.

Una vez fuimos a entrar a un local comercial y nos dijeron que Cata con silla “no”. Y yo le dije “le digo levántate y anda y no me hace caso, no anda” (risas) “¿dígame cómo hago?”. Fue un escándalo, un sábado de tarde, y finalmente nos fuimos sin poder pasar. Lo puse en redes y a la noche mi marido había recibido una carta pidiéndole disculpas e intentando enmendar el error, de parte del director del lugar. En eso hemos tratado de que, además del “ruido” que puedes hacer, para lo que nosotros particularmente tenemos más herramientas que otros, sea también útil para otros y tenga un beneficio más allá de nosotros. Porque a las madres cuando les pasa esto se mueren por dentro.

  Alexandra, nosotros cuando hablamos de belleza, hablamos de amor. De estos relatos que has contado, hay mucho amor de una madre, y no solo a Cata, sino a tus hijos y a tu familia.

Sí, amor sí. Lo que estoy diciendo es “no crean que esto es fácil”. Cata por ejemplo fue a Salta, Argentina, a un santuario mariano, muchas veces. Y la organizadora me dice “el manto de la Virgen nos protege” y yo le digo “el manto de la Virgen me dice también que le ponga coherencia”. Yo subo al bus y reparto un manual a todos los que van en la excursión desde Montevideo, sobre cómo cuidar a Cata, y también les digo “además de cuidar a Cata, cuiden a la que va acompañando a Cata”, porque la que va con ella, cuando todos terminan cansados, ella está “hecha paté”. Cuando llegas al hotel, tienes que cambiarla, darle de comer, acostarla, ponerla boca abajo, ordenar todo, aprontar las cosas para el otro día, y al otro día levantarte una hora antes que el resto porque si no, no llegas con el resto.

  El amor, si es de verdad, duele mucho. Amor y sufrimiento van de la mano.

Por eso, no es fascinante (risas). Lo que yo trato de contarle a la gente que le ha pasado algo parecido es que no es un camino horrible, pero es un camino que tiene alguna espina más que otra, pero después vas a tener normalidad. Igual te va a doler la cabeza, pero vas a ir al cine, vas a discutir porque te compraste un vestido u otro, es decir que todo forma parte de esto.

   Nosotros titulamos esta sección de Mujeres Alawa, con una frase de Dostoyevski que dice “La belleza salvará al mundo” y hablamos justamente de esta belleza: que duele mucho, que tiene muchas espinas, pero que nos “salva” de mirarnos tantas veces veces el ombligo.

Sí, yo lo veo que en ese sentido sí, y te hace ser un poco más útil a los otros.

Yo esto lo cuento con mucho orgullo, porque una vez estábamos en La Pedrera (un balneario de Uruguay), en la parte más brava de la playa, y estaba mi hijo Felipe con todos sus amigos, y de repente mira hacia la acera y ve una mamá con un niño con parálisis cerebral y una sombrilla. Entonces Felipe le dice a un amigo “vamos, tú sólo seguí mis órdenes”. Llegan arriba y le dicen “no se preocupe que la vamos a ayudar” y saluda al niño “hola, qué hacés, yo soy Felipe, y tú ¿cómo te llamas?”. Y entonces le toman la silla, bajan al niño, le arman la sombrilla, lo saludan, y luego le dicen que se verían después y que lo invitarían a jugar a la pelota, y se van. La señora se sienta en la silla, y se pone a llorar. Y llora largo y tendido. Y el amigo de Felipe le dice “algo hicimos mal, la señora no para de llorar”. Y Felipe le dice: “no, no te preocupes, está contenta”. Él también es muy pragmático. Y es eso, nos convertimos todos en seres más “útiles”. Si quieres una lectura positiva, esa es una seguro. Podemos ayudar más fácilmente. Según Emiliano, en una boda de mil personas hay dos señoras mayores  abandonadas y la única que las encuentra soy yo (risas). Pero porque las veo al pie de la escalera y que no pueden subirla. Las detecto más rápido y no me importa acercarme o simplemente es que me fui haciendo más ágil a decir: “¿la ayudo?”.

  ¿Cómo puedes con todo? Porque cualquiera podría pensar que le pasa algo así y que se le acabó su vida soñada de logros profesionales, vida social, etc., y tu nos demuestras que has podido conseguir todo eso a lo que se puede aspirar.

Seguramente sea que no lo hago todo perfecto. No tengo la casa tan perfecta como me gustaría, entre otros mil ejemplos. Y también he apostado por tener una vida profesional que me llenaba, y todo lo que ganaba al principio lo usaba para pagarle a personas que pudieran cuidar de Cata y de mis otros hijos mientras yo estaba trabajando. Y por otro lado y gracias a ello, cuando viajaba por trabajo -que por supuesto no hice todos los viajes que pudiera o debiera haber hecho- dedicaba mucha parte de mi tiempo libre a visitar a médicos u organizaciones para ver cómo poder mejorarle la vida a Cata. Hay muchas madres de discapacitados que renuncian a desarrollarse profesionalmente para dedicarse 100% a su hijo discapacitado. Yo no puedo ni podría, pero claramente las admiro. Y por supuesto, siempre fue una tarea en equipo con Emiliano, mi marido, y eso fue y es fundamental. Él siempre se lo ha tomado con el mismo amor y responsabilidad.

  Muchas veces nos preguntamos, ¿cómo nos podemos comunicar con chicos como Cata, que tienen parálisis Cerebral?

Existe un sistema que se llama Comunicación Aumentativa Alternativa, que parte de un sistema binario. A Cata le puedes preguntar si quiere banana o manzana, porque hace un gesto con una mano que quiere decir “sí o no”. Pero cómo hacer para preguntarle ¿a dónde quiere ir? Un día estuvimos tres horas para adivinar a dónde quería ir. Finalmente le dijimos que, como para el juego de las películas, que nos señalase 2 palabras dentro del libro, que fueran representativas de ese lugar. Y señaló una Iglesia, y luego el número 3, que significaba que quería ir al Shopping de “Tres Cruces” (un centro comercial que está al lado de una Iglesia).

Por otro lado, Catalina también estudia inglés, con una profesora particular. Si entendemos si habla la respuesta es “no”. Pero sí entiende, porque le dices una frase y la entiende. No tiene ningún problema intelectual, o sea que debería de poder aprender cualquier cosa. Lo que no puedes tener es la experiencia de evaluar ese conocimiento, que es difícil. Pero con esa comunicación, y atendiendo a la vista y sabiendo que el sí y el no es la herramienta más fácil, y creyéndome y creyéndole a ella que me está entendiendo. Una vez que logras entender eso, y sabes que te está entendiendo, ya te puedes comunicar con ella.

  Sabemos que Cata tiene un proyecto que se llama “Catalentas”. ¿En qué consiste?

Cata tiene una profesora llamada Cuca, que le ayuda a plantar plantitas en macetas, y va a su casa una vez por semana, los jueves. Y pasado el tiempo han hecho tantas que no te podés mover de todas las que hay en el jardín. Entonces a Cata, el año pasado, se le ocurrió venderlas.

Como su hermano Felipe trabaja en publicidad, hizo un flyer, y lo enviamos por whatsapp. Y esto “explotó” de un lunes a un miércoles. La primera persona que compró se llevó 22 plantas. Una locura.

Entonces este año, Cata quiso recuperar una maestra de natación de verano que tenía de hace unos años para tener nuevamente clases con ella, y yo le dije “ah no, pero es carísimo”. Y puso cara de “no, pero yo genero dinero, yo vendo plantas». Y entonces pusimos un flyer de nuevo y así retomamos. En total, a día de hoy, hacemos una o dos ventas al año, con las que la ayuda Felipe para la publicidad y convocatoria.

Así Cata tiene la experiencia de hacer algo productivo. Ella hace todo el proceso con las plantitas (siempre con la ayuda de su maestra) y luego llega un momento en que ocurre la venta. Eso para la cabeza es maravilloso.

  Y tú, ¿estás presente cuando ella vende?

Jamás. En eso sí, los fisios te suelen decir, de las “n” terapias que vas y que son eternas y aburridisimas, “madre, usted lo que tiene que hacer ahora es, todas las tardes, de dos a cuatro, es este ejercicio; y luego usted tiene que fijarse bien que cuando coma la niña esté en posición perfecta. Toma la cuchara con la mano derecha, y luego le da y trata de que no vuelque nada, etc.” Y un día estaba el pediatra y escuchó todo el discurso del fisio y le dijo “la señora es la mamá, no va a hacer nada de eso que usted acaba de decir”, “yo ahora me voy a sentar acá y voy a ver cómo le da usted de comer  de esa manera”. Generalmente los técnicos tratan de cargarte con todas las cosas que tu podrías hacer para que la niña por ejemplo haga ballet. Y no va a hacer ballet. Pero hay una etapa cuando son pequeños que tú te lo piensas que si hicieras el quíntuple de terapias y dejara de trabajar y me dedicara 100% a ella, quizás la niña …. No. El asesoramiento de buenos médicos es el que te dice que no, que no puedes hacer todo. Tú tenés que hacer de mamá. Hay mucha gente que te dice “ay qué divino, sí, voy a estar un rato, ¿tú a qué hora estás?” y tú le decís “a la hora que tu no vengas” (risas). Porque pasa mucho que hay gente que quiere ayudarte y vienen y te hablan a ti, y la niña como si no existiera. Lo mismo cuando tienen cuidadores muy estables, la gente le habla a ellos y les pregunta “¿Cata quiere comer?” y tu contestas “no tengo idea” y luego se lo preguntas a ella. No es simpático, pero eso sí que lo militamos. “¿Cata tiene frío?” “¿Cata, tenés frío?”. Es más lento el proceso, pero es la única forma de involucrarla, y hay que hacérselo saber a la gente que quiere ayudarla. Si tú actúas por ella, la vas anulando. Y eso sí que lo tenemos en casa todos incorporados. El resumen de cómo lo hacés es una gimnasia de la cotidiana.

Una vez nos pasó que un amigo de Felipe, con los que tienen una banda de música, vino y me dijo “mamá de Cata, nos llevamos a Cata porque no tenemos quién nos cante en el coro” y yo le dije “Joaco, Cata no canta”, y entonces respondió “bueno, que toque el tambor, falta una mujer en la banda”. La tomaron y se la llevaron a la banda. Ese tipo de cosas lo transmite la normalidad. Y eso también te lo dan los hermanos. Volvemos al principio.

  Gracias, Xandra, por este rato inolvidable, y por tu gran generosidad al compartir tu vida, tu experiencia y tantos aprendizajes con nosotros.

* Libro «Madres al límite. Cinco historias de amor y de coraje.» Monica Bottero. Editorial Aguilar, 2008.

Instagram:  @amorganvilaro

www.fundacionybyray.com.uy

Proyecto «Catalentas»  (ventas privadas)

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2 replies on “Alexandra

  • Cecilia

    Me encantó la nota. Una mirada diferente al concepto de belleza. Urge desromantizar para normalizar. Urgen Felipes. Urge exigir habitable el mundo que habitamos. Urge encontrar la belleza en mirar al otro.
    Agradezco la lectura y la invitación a la reflexión.
    Cecilia

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    • Alawa

      Gracias a ti Cecilia!
      Gracias por tus palabras, tus pensamientos tan enriquecedores y tu mirada hacia «el otro».
      Un saludo de todo nuestro equipo.

      Responder

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